InigoEtayo

Una historia de la Costa Oeste

In Uncategorized on 29 diciembre 2009 at 14:26

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Jamás una pelea fue más bonita. Baile, baile, baile.

Canto, canto y canto.


Tenía ganas de ver este clásico de los musicales, con lo fanático de este género que soy me parecía indignante no haberla visto. Y ha merecido la pena.

Las coreografías tan complicadas que se desarrollan durante cada segundo de la película hacen que quedes atrapado en la historia de amor de el Romeo y la Julieta de las calles de EE.UU. a mediados de los años 50. Los musicales actuales deberían aprender de los clásicos:  los bailes, coreografías, movimientos no deberían estar destinados solo a los momentos musicales, hay movimiento en cada minuto de la película y es eso lo que hace que sea un placer para los ojos.

Luego ya en las canciones, la coordinación y la sincronización hacen que te quedes boquiabierto y que desees que no acabe nunca.

Las cualidades vocales y dramáticas de los actores son, en todo caso, increíbles. No cojea nadie en este film, otra cosa que deberían aprender los nuevos, y todos poseen una calidad artística digna de mención.

La historia en sí podría parecer hueca, pues Romeo y Julieta en sus diferentes versiones ha sido una historia que ha desgastado mucho la literatura haciéndola prototípica, común y poco original. Sin embargo, otro aplauso debería ir para el guionista Laurents que ha logrado convertir algo tan banal hoy en día como es “la dificultad de una pareja en unirse debido a diferencias entre familias, amigos, razas…” en una historia con contenido, compleja y emocionante que hace que no dejes de sorprenderte ante cada nueva escena.

Y también quisiera dar la enhorabuena al encargado de fotografía, pues entre las espléndidas tomas callejeras de la ciudad de Nueva York, haciendo que algo tan urbano sea bello, y los efectos visuales colocados en tomas concretas con increíble gusto y cuidado hacen de esta película un adelanto para la historia del cine musical.

¿Mejor parte para mi? Uf, el momento en que se reúnen en un garaje y uno de ellos (no diré quién, ni porqué, ni qué ha ocurrido para ello) les dice que se relajen y comienzan a bailar para expulsar sus demonios interiores me ha puesto la piel de gallina. Además de que recordaba mucho a “Bad” de Michael Jackson, las increíbles, complicadas y perfectamente hechas coreografías, con el acompañamiento de la orquesta jazz y las interpretaciones de rabia hacen de esta toma la mejor del género musical que yo haya visto hasta la fecha.

Buenísima, 10/10

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